La familia es un sistema en el que todos sus miembros están interconectados. Cuando las dinámicas de convivencia se vuelven rígidas y conflictivas, o las soluciones intentadas (castigos, discusiones constantes, evitación) fallan, el malestar acaba afectando a todo el núcleo familiar.
En la terapia familiar abordamos el problema no como el defecto de una sola persona, sino como una dificultad en la forma en la que la familia interactúa. Mediante un enfoque Cognitivo-Conductual, analizaremos esos patrones de conducta para establecer límites saludables, mejorar la negociación y modificar las respuestas que mantienen el conflicto.
Simultáneamente, trabajaremos la flexibilidad psicológica desde el modelo ACT. Aprenderemos a reducir el nivel de hostilidad, a dejar de luchar por tener la razón absoluta y a crear un entorno familiar basado en la validación emocional, donde cada miembro pueda desarrollarse sintiéndose apoyado y conectado con los valores de la familia.