A menudo pensamos en la tranquilidad como un lujo, como ese estado ideal al que llegaremos "cuando terminemos todo lo que tenemos que hacer". Sin embargo, desde el punto de vista de la psicología y la salud, la tranquilidad no es un premio; es una necesidad biológica.
Vivimos con el pie pisando el acelerador. Cuando nuestra mente interpreta que siempre hay cosas pendientes, problemas por resolver o expectativas que cumplir, activa nuestro sistema nervioso en "modo alerta".
Las emociones que no gestionamos no desaparecen, simplemente buscan otra forma de salir, y habitualmente lo hacen a través del cuerpo. Si vivimos en un estado de tensión constante, el cerebro libera cortisol y adrenalina de forma continua. ¿El resultado? El cuerpo reacciona de manera negativa:
Problemas digestivos o nudos en el estómago.
Tensión muscular severa (especialmente en cuello, hombros y mandíbula).
Taquicardias, dolores de cabeza tensionales o fatiga crónica.
Dificultades para conciliar el sueño o insomnio.
Para que el cuerpo deje de reaccionar de forma tan desproporcionada, necesitamos enviarle un mensaje claro: "No estamos en peligro, puedes bajar la guardia". Y ese mensaje se envía trabajando activamente en nuestra tranquilidad.
En muchas ocasiones la intensidad emocional nos gana de manera que las emociones toman el mando. Con estas herramientas lo que logramos es que tanto la mente como el cuerpo reduzcan la intensidad para que sea más fácil de gestionar las emociones, es decir, para que no nos domine podamos gestionar la situación de manera racional.
Conseguir una buena gestión emocional no consiste en no alterarse nunca, sino en saber cómo volver a la calma cuando la vida nos agita. Incorporar estos pequeños hábitos en tu rutina diaria es el primer gran paso para cuidar tanto de tu mente como de tu cuerpo.
Si sientes que el estrés te ha superado, que tu cuerpo no deja de enviarte señales de agotamiento o que estas herramientas no son suficientes, no tienes por qué hacerlo solo. Aprender a regular las emociones es un proceso en el que puedo acompañarte. Estas técnicas te ayudan a aumentar la energía de paciencia, tranquilidad, calma para gestionar situaciones negativas complejas.
No podemos evitar que los problemas existan, pero sí podemos entrenar a nuestro cuerpo y a nuestra mente para volver a nuestro centro y no quedarnos atrapados en la ansiedad. Estas son algunas de las herramientas más eficaces para regular nuestro sistema nervioso:
El movimiento es la forma más natural que tiene el cuerpo para "quemar" las hormonas del estrés acumuladas. No hace falta prepararse para una maratón; el simple hecho de mover el esqueleto a diario ayuda a liberar endorfinas, relajando la musculatura y mejorando el estado de ánimo.
Es el "botón de reinicio" de tu sistema nervioso. Cuando estamos ansiosos, respiramos de forma superficial y rápida. Aprender técnicas de respiración diafragmática (llevar el aire al abdomen y soltarlo muy despacio) le indica fisiológicamente a tu cerebro que estás a salvo, reduciendo las pulsaciones al instante.
Ambas prácticas son excelentes para entrenar la atención. Nos enseñan a observar nuestros pensamientos sin dejarnos arrastrar por ellos, conectando la mente con el momento presente. El yoga, además, suma el beneficio de estirar y liberar las tensiones físicas acumuladas, promoviendo una relajación profunda.
Pasear por entornos naturales, ya sea en la sierra o en rutas tranquilas cerca de casa, tiene un poderoso efecto regulador. El silencio, el aire limpio y el simple hecho de caminar sin prisas nos ayuda a salir del bucle de preocupaciones mentales, reduciendo drásticamente los niveles de estrés.
La suerte que tenemos en Elche es que tenemos varios parques con buena vegetación, varias playas cerca y la provincia de Alicante tiene una rica montaña para hacer senderismo. Hay que aprovecharlo.