Cuántos años hacen falta para que un ficus crezca alto y robusto. Cuántos esfuerzos requeridos: regar, limpiar, abonar, ponerlo donde le dé bien la luz,… Y estas tareas las realizamos durante años. Un ficus alto y robusto, nuestro objetivo final, se consigue después de muchas pequeñas tareas, muchos pequeños pasos que nos llevan a nuestro destino, muchos pequeños intentos provocan un cambio grande.
Plantamos una semilla, ponemos un ladrillo, hacemos una abdominal, nuestra primera paella, el primer beso, la primera sonrisa, el primer aprobado, etc. Todo objetivo tiene un inicio, un primer paso. Y después de ese primer paso pequeño, viene otro y otro y otro… Pequeños pasos, pequeños detalles, pequeños avances nos acercan a nuestro objetivo. Nadie nace sabiendo hablar o cantar o correr o sumar o multiplicar. Los pequeños pasos nos llevan a nuestra meta.
Si soy una persona tímida, y quiero dejar de serlo, puedo ver como un obstáculo insalvable contar un chiste ante unos desconocidos sin ponerme nervioso. Y creer que no seré capaz, quedarme parado, ni siquiera intentarlo y acostumbrarme a vivir con la timidez.
Pero hay otra opción: el mundo de los pequeños pasos. Empezar con mirar a los ojos, sonreír, decir hola, presentarme con gesto amable, preguntar, hablar un poco más,… Si grito demasiado, por ejemplo, veinte veces al día, voy a bajar a diecinueve, eso quiere decir que una de las veces en las que tengo ganas de gritar, no lo voy a hacer. Si sigo así, quizá en unas semanas sólo grite veinte veces al mes. ¡Qué cambio! Y puedo seguir hasta dejarlo, por ejemplo, en cuatro veces al mes. Si no soy una persona cariñosa, voy a empezar por un abrazo… la semana que viene abrazo más beso y seguiremos así con pequeños pasos.
Todos sabemos decir lo siento, permanecer en silencio antes de insultar, hemos hablado con un volumen normal en vez de gritar, hemos perdonado cosas difíciles de olvidar, hemos cometido errores que no hubiéramos querido cometer. Es mejor el silencio que una palabra que hace daño, es mejor una sonrisa que un grito, es mejor un abrazo que un tortazo… Un escorpión quizá no puede dejar de picar, pero una persona sí puede dejar de picar a otros… Un tigre hambriento no puede quizá evitar morder a una gacela, pero una persona hambrienta sí puede evitarlo…
Cada vez que tenemos un comportamiento negativo lanzamos una niebla gris: la negatividad, a nuestro alrededor. Todos tenemos en nuestra mano la capacidad de reducir nuestras conductas negativas, la aptitud de cambiar los comportamientos negativos por positivos. Muévete y cambia tus conductas negativas. Hazlo ya, poco a poco, sigue la senda de los pequeños pasos.
Cuando uno realiza un comportamiento positivo es el que más se beneficia. Sé un buen egoísta y al mismo tiempo sé positivo. Piensa en ti y lleva a cabo lo que pienses que es bueno para ti; pensar en positivo también conlleva pensar en las consecuencias de lo que hago y por tanto, pensar en mí también conlleva pensar en qué es bueno para mí y para mi entorno: supone intentar que todos ganemos.
Los grandes cambios en poco tiempo suponen un enorme esfuerzo que suele provocar un pronto cansancio y, en consecuencia, una disminución de ese gran cambio. Sube rápido y baja rápido. Lo que buscamos no es un cambio puntual, es un cambio profundo, buscamos nuevos hábitos. Un cambio que se torna en automático ya no cuesta: ese es nuestro objetivo.