Afrontar una ruptura de pareja o un divorcio/separación puede ser una de las experiencias más estresantes y dolorosas que podemos vivir. En mi consulta de psicología en Elche, recibo a diario a personas que llegan sintiéndose completamente desorientadas tras el fin de su relación. Cuando un proyecto de vida en común se rompe, es normal sentir que el suelo desaparece bajo nuestros pies. El dolor puede ser muy grande: tanto para el que deja como para el que es dejado. Cada uno tiene su sufrimiento.
Se crea un vacío en nuestra vida porque desaparece una parte importante de tiempo, emociones, compañía, actividades... Ese vacío es el tener siempre al lado a alguien, aunque no haya una buena relación, dormir, comer, ver la tele, pasear, quedar con amigos, ir en el coche… antes lo hacíamos juntos y ahora no hay nadie al lado.
A menudo, el mayor obstáculo no es la ruptura en sí, sino lo que imaginamos que vendrá después. Que te deje la persona a la que amas o tener que tomar la decisión de separarte es una situación difícil. Sin embargo, hay algo mucho peor que la separación emocional y física: quedarte atrapado en una relación en la que ya no hay amor, respeto o un proyecto común.
Alargar una relación por inercia, por costumbre o por miedo a la soledad acaba convirtiéndose en un castigo diario. Ninguno de los dos podrá disfrutar plenamente de su vida en esas condiciones. A veces, soltar es el mayor acto de amor propio y responsabilidad que puedes hacer por ti y por la otra persona. Si no quiero seguir con alguien, es una conducta adecuada y positiva para ambos romper la relación lo antes posible. De esta manera, ambos podremos volver a tener una relación positiva.
Tras el fin de la relación, es inevitable atravesar un proceso de duelo. Puedes pasar por fases de negación, ira, tristeza profunda y, finalmente, aceptación. Olvídate de términos como fuerte, débil, valiente o cobarde. Solo nos hacen daño y no nos ayudan a seguir hacia adelante. Muchas veces toca reflexionar y dar pasos para reordenar y reorganizar la vida: necesitamos actividades positivas y en ocasiones conocer nueva gente, ya que nuestro entorno social ha desaparecido bastante tras la ruptura.
Tener una buena autoestima y ser fuerte no significa estar siempre al 100%. Habrá días en los que tu estado de ánimo esté por los suelos, te sientas confundido o te asalte la culpa. Y no es que no pase nada, es que aunque sufra está todo en su sitio, toca sufrir. Es muy sano y necesario darte permiso para sentirte mal. No te exijas estar perfectamente bien a las pocas semanas; el duelo necesita su tiempo y cada persona tiene su propio ritmo.
El tiempo ayuda, pero ayuda más el dar pasos positivos a rellenar con actividades y gente positiva ese vacío que ha quedado.
Acepta la nueva realidad: No alimentes falsas esperanzas ni te quedes atascado en el "qué hubiera pasado si...". El trabajo ahora está en el presente.
Recupera tu espacio individual: Durante la relación, gran parte de tu identidad era compartida. Ahora es el momento de reconectar con tus aficiones, tus amistades y tu espacio personal.
Cuida tu diálogo interno: No seas tu peor juez. Analizar lo ocurrido es normal, pero la autocrítica se vuelve dañina si la utilizas para castigarte. Háblate con la misma compasión con la que hablarías a un buen amigo que está pasando por lo mismo.
Atravesar un divorcio en solitario puede hacerse muy cuesta arriba, especialmente si hay dependencia emocional, conflictos sin resolver o hijos en común. La terapia es un espacio seguro para desahogarte sin ser juzgado, entender tus emociones y adquirir las herramientas necesarias para cerrar esa etapa de forma sana.
Si sientes que el dolor te paraliza y necesitas ayuda para volver a tomar las riendas de tu vida, la terapia individual en Elche puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo y empezar a reconstruirte paso a paso.
Hoy en día mucha gente necesita ese desahogo inicial y alguien que te ayude a empujar hacia adelante para crear un hoy más bonito para uno mismo.