Si estás dudando entre acudir o no a terapia, algo importante: ir al psicólogo no es solo para cuando las cosas van muy mal. A veces las personas pensamos que nuestros problemas “no son para tanto” o que deberíamos ser capaces de solucionarlos solos, y terminamos normalizando un malestar que lleva tiempo acompañándonos, pero que poco a polo suele ir aumentando.
Es una inversión en ti mismo, una forma de conocerte mejor, aprender a gestionar lo que te pesa y salir con herramientas reales para tu día a día.
A continuación, te propongo algunas señales que pueden ayudarte a decidir si ha llegado el momento de pedir cita — presencial en Elche u online."
Juan se ha caído mientras corría por la ladera del río. Se ha hecho una pequeña herida que sangra y le duele, pero decide seguir corriendo a pesar de las molestias.
Al rato se detiene porque sigue sangrando. Se limpia un poco la herida con un pañuelo y se echa agua para intentar aliviar la zona. Sigue corriendo un par de minutos más, pero tiene que parar: ya no sangra, pero el dolor se ha hecho más intenso.
Decide irse a casa, se cura bien la herida y se pone hielo para bajar la inflamación. Dos días después, tiene la pierna algo hinchada y toma paracetamol para una molestia que solo remite a ratos.
A las dos semanas la herida ha cicatrizado, pero el problema sigue empeorando hasta el punto de no dejarle dormir bien. Aun así, se resiste a ir al médico, confiando en que se curará solo.
Ya hace un mes desde la caída. Tiene la zona muy hinchada y el dolor a veces se hace difícil de soportar. Sin embargo, se dice a sí mismo que no es para tanto, que no necesita ayuda, que si eso mirará en Google para cuidárselo mejor...
Esto es un ejemplo de cómo podemos normalizar un malestar físico: acostumbrarnos a convivir con algo que nos está avisando de que necesita atención.
Si cambiamos el ejemplo de una caída por una ruptura de pareja, lo tenemos. Podemos empezar a convivir con la ansiedad, la tristeza, el agotamiento, la irritabilidad o la sensación de no estar bien, hasta llegar a pensar que forma parte de nuestra personalidad, que simplemente tenemos que aguantar o que no podemos hacer nada. Nos autoconvencemos.
Pedir ayuda psicológica no significa que el problema sea grave y necesitemos ocho meses de terapia. A veces significa simplemente escuchar una señal y actuar antes de que ocupe demasiado espacio en tu vida. ¿Cuáles son esas señales? A continuación te propongo las más importantes.
A todos nos ha pasado alguna vez: llevas unos días más triste y cansado de lo normal y no sabes por qué. Como no conoces la razón de estar así, te enfadas contigo mismo. Este "no saber" incrementa el malestar, llevándote a acumular tensión y a sufrir episodios repentinos de ansiedad e irritabilidad.
“Me siento descentrado, desconcentrado, cansado, agobiado, etc. No dejo de sobrepensar (enlace articulo sobrepensar) y los pensamientos repetitivos no paran. Estoy como en constante tensión.”
“Esta sensación está afectando negativamente a mis relaciones, especialmente a mi relación de pareja (enlace terapia de pareja). Me apetece estar más callado y solo de lo habitual. Evito situaciones o personas que antes no me molestaban. Y no me gusta cómo me siento.”
“No es excesivo pero me doy cuenta de que estoy echando mano de alcohol, comida, medicación para dormir y móvil para evadirme. Y estas conductas han aumentado al mismo tiempo que mi tensión. Necesito escapar de ella”.
Son “tiritas” temporales que usas para no enfrentarte a lo que realmente duele.
“El otro día me quedé fijamente mirándome en el espejo. No me reconocía. Incluso me hablé un rato preguntándome qué me estaba pasando. No conseguí responderme. Me veo como otro yo, más agotado, hasta con más arrugas.”
“He intentado hacer más de ejercicio, respirar, seguir los consejos de mi IA favorita, hablar con mi mejor amigo. Nada ha funcionado especialmente. Creo que me falta fuerza de voluntad o ya no tengo nada. No lo sé”.
No es que no lo estés haciendo bien, es que muchas personas necesitamos alguien que nos ayude en el proceso y nos enseñe herramientas más concretas.
“No es que todo sea un desastre. Pero me cuesta un mundo levantarme alguna de las mañanas a trabajar, ir a ver a mis padres, coger el teléfono cuando alguien me llama. No he dejado de hacerlo por eso quizá no necesito ayuda sino vitaminas y ganas”.
El agotamiento mental parece que nos deja un poco de nuestras fuerzas pero muy pocas ganas.
“Siento que mi cuerpo está enfadado. Llevo mucho tiempo en que son más las noches malas que buenas. Quizá por eso me canso antes. Y he sufrido alguna taquicardia y algún que otro mareo. No sé el qué pero algo me pasa”.
El cuerpo y la mente están conectados. A veces el cuerpo empieza a pedir atención antes de que nosotros aceptemos que algo no va bien.
Por suerte hoy en día ya no se hace caso a ese falso mito que antes frenaba a mucha gente: pensar que la terapia es solo para personas que han tocado fondo o que tienen un trastorno mental grave. Acudir a terapia no significa que no sepas gestionar tu vida, que hayas fracasado o que estés "roto".
El hecho de que seas consciente de que te vendría bien un poco de ayuda más profesional que los consejos de tu amigo o familia, es un indicador de que tu mente está funcionando perfectamente.
La inmensa mayoría de personas acuden a la consulta porque son conscientes de que les falta ese poco de ayuda para entenderse mejor, mejorar su calidad de vida o gestionar mejor una situación determinada.
La terapia es un espacio seguro donde comprender qué está ocurriendo, identificar patrones que se repiten y aprender herramientas concretas para tu día a día. Y todo esto lo aprendes para el resto de tu vida.
Además, mi papel como psicólogo no es decirte qué tienes que hacer, sino acompañarte, ayudarte a entenderte mejor, facilitar que encuentres tus propios recursos y motivarte para avanzar.
Nadie te puede decir cuándo es el momento perfecto para pedir ayuda. Pero si llevas tiempo pensando en acudir a un psicólogo, si algo de lo que has leído te ha resonado, este puede ser tu momento.
Como psicólogo en Elche, puedo acompañarte en este proceso tanto de forma presencial en mi consulta en Well Nutrición y Psicología, o mediante sesiones online, lo que mejor se adapte a tu día a día.