¿Te cuesta pedir ayuda psicológica? Te explico por qué a los hombres nos cuesta ir a terapia y cómo es la primera sesión. Psicólogo en Elche.
Es cierto que son los hombres a quienes más les cuesta a acudir a terapia. Pero como toda generalización suele ser errónea, al hablar de los “hombres y la terapia” debemos entender que sucede en un gran número de hombres, pero no se da en todos. Igualmente, lo que vamos a desarrollar a continuación también se da en mujeres, pero en menos casos.
A veces, la dificultad para pedir ayuda se expresa de formas parecidas a estas:
· “Yo sé que mi hermano me lo decía por mi bien. Sí, yo sabía perfectamente que cada día estaba peor y no sabía cómo pararlo. Pero había algo dentro de mí que se resistía y me bloqueaba.”
· "Llevo meses pensando en ir. He cogido dos veces cita, pero las he anulado con excusas."
· "Si no fuera porque mi pareja me lo pidió con insistencia, no estaría aquí."
A menudo, cuando un hombre cruza la puerta de la consulta, lo hace porque la situación (ya sea de estrés, ansiedad o una crisis de pareja) ha llegado a un límite insostenible: su pareja le ha planteado el divorcio, ha tocado fondo o se ha dado un incidente muy intenso que le ha hecho reaccionar. Hoy en día, cada vez más las personas acudimos al psicólogo con normalidad.
Históricamente, se le ha enseñado al hombre que debe ser el pilar inquebrantable, el que resuelve los problemas y no se queja. Podemos llegar a creer que pedir ayuda es demostrar que hemos fallado o que no somos lo suficientemente fuertes para gestionar nuestra propia vida.
"A mí me enseñaron que los hombres no lloran y no se quejan de tonterías, los problemas se callan y se tragan."
Desde pequeños muchos recibimos el mensaje de que mostrar vulnerabilidad es de débiles. Se nos premia por resolver, no por sentir. Como psicólogo, veo que esa idea acaba convirtiéndose en una norma interna: si necesito ayuda, algo falla en mí.
Pero pedir ayuda no es un fallo. Es una decisión inteligente, la misma que tomas cuando vas al médico por un dolor o llamas a tu amigo Paco para que te ayude con un tema del seguro de la casa. Es buscar soluciones a los problemas.
También hay una cuestión económica relacionada con lo anterior. Como me voy a gastar dinero en algo que puedo arreglar yo. Aunque soy consciente inicialmente de que no sé y en la mayoría de ocasiones acabo avisando a un profesional. Para la mayoría de los hombres, la autosuficiencia puede verse no como una preferencia, sino como una parte fundamental de su identidad. Pedir ayuda puede percibirse como un fracaso personal. Esto es lo que realmente mantiene a los hombres estancados.
Mi mente me dice que yo tengo que solucionarlo por mi cuenta. La capacidad de afrontar los problemas por sí mismos funciona como prueba de que todo va como debe ir. Está muy bien intentar ser autónomo e independiente pero si lo llevamos al extremo nos encontraríamos con alguien que quiere ser casi todopoderoso. La autonomía sana significa que eres capaz de resolver problemas y tienes confianza en ti mismo para hacerlo. La autosuficiencia llevada al extremo puede volverse un inconveniente si no puedes pedir ayuda, incluso cuando hacerlo te beneficiaría claramente, porque el mero hecho de pedirla se percibe como un fracaso.
"Ya se me pasará. Lo resuelvo yo."
Mucha gente enfoca su malestar como un problema técnico que hay que solucionar en solitario. Y a veces funciona, pero otras se alarga durante meses o años. Y entramos en un bucle de negatividad, cada vez ésta es mayor y nos cuesta más pedir ayuda. Me voy como quedando sin energía para dar ese paso.
Esta autosuficiencia, esta forma de afrontar los problemas es útil y adecuada, pero se convierte en contraproducente cuando nos impide pedir ayuda cuando nos damos cuenta que no podemos solos. Es importante que veamos el pedir ayuda como parte de nuestra capacidad de buscar soluciones.
Desde pequeños nos enseñan a identificar y expresar la frustración o el enfado, pero rara vez nos enseñan a ponerle nombre a la tristeza, la vulnerabilidad o la angustia. Cuando no sabemos cómo explicar lo que sentimos por dentro, la idea de sentarse frente a un psicólogo a hablar de ello resulta negativa.
A algunos hombres no nos gusta dejarnos llevar por las emociones. No queremos sentirlas. Y esto nos lleva también a no saber hablar de ellas de manera normalizada con lo que nos cuesta describirlas. "No estoy triste. Estoy cansado, de mala leche, y ya." Cuando no hay palabras para lo que pasa, cuesta aún más darse cuenta de que necesitamos apoyo. En algunos hombres, el malestar puede aparecer más claramente como irritabilidad, aislamiento, insomnio, cansancio o dificultad para hablar de lo que sienten.
Esta transformación emocional ocurre de forma tan automática que muchos hombres, sinceramente, no reconocen que están pasando por dificultades que la terapia podría abordar. Se les ha enseñado a traducir los sentimientos de vulnerabilidad en otros socialmente aceptables, lo que significa que la señal interna que podría llevar a alguien a buscar apoyo se pierde en la traducción.
Como algunos hombres no han aprendido a aceptar, compartir y expresar las emociones negativas, las “esconden” en un cajón. El problema llega cuando son muchas o muy intensas y se desbordan. El sufrimiento se incrementa de forma que se les hace imposible gestionarlas de manera adecuada entrando en un bucle con el que crece la negatividad. Algunos modelos tradicionales de masculinidad favorecen desviar las emociones antes incluso de que salgan a la superficie.
Mostrar lo que sentimos se ha asociado erróneamente con ser débiles. Sin embargo, la realidad es al contrario. En primer lugar, vamos a intentar no utilizar términos generalistas como valentía o debilidad que solo crean negatividad y no nos sirven para entendernos y buscar soluciones. Por otro lado, admitir uno mismo que está ante un problema que no sabe resolver y, por tanto, necesita ayuda es una muestra de gestionar bien una situación en cualquier ámbito de la vida. Puedo intentar arreglar una lavadora, el ordenador o cambiar una bombilla del coche, pero si no lo consigo, buscar al profesional que sepa, es solucionar un problema: es una virtud, no un defecto.
"Fui cuando mi mujer me dijo que o íbamos a terapia o se acababa la relación."
Es habitual que los hombres lleguen a consulta cuando ya hay una crisis fuerte: una discusión grande, un ultimátum, un ataque de ansiedad o una cita con un abogado para el divorcio. Es más efectivo acudir lo antes posible, ahorramos tiempo, energía, sufrimiento y dinero. No hace falta tocar fondo para pedir ayuda.
"Yo me veía tumbado en un diván hablando de mi infancia", "me van a decir que hago todo mal, que todo es mi culpa ", "es para locos", "no sirve de nada"…
"¿Y si me ve flojo? ¿Y si me dice que soy el problema?"
En las sesiones intentamos crear un espacio neutro, concreto, práctico, orientado a comprender qué está ocurriendo y a trabajar para conseguir objetivos concretos, sin juicios, donde trabajaremos a tu ritmo para que aprendas a gestionar mejor aquellas situaciones complejas. El objetivo es que todo lo que se ha aprendido y se está utilizando durante la terapia, se siga usando una vez finalizada la terapia.
Se da por hecho que el trabajo y la familia van antes que uno mismo. Cuando la realidad es que cuidar bien de mí favorece que realice mejor mi trabajo y mi familia esté mejor cuidada. Acudir a terapia puede ser una de las mejores inversiones que hagas en tu bienestar.
En esta primera toma de contacto, me vas a contar lo que te surja. Me cuentas por qué y para qué has venido con las palabras que salgan.
Yo te hago preguntas para entender tu situación. Me contestas lo que te surja. Ya tendremos más tiempo para aclarar, matizar y ampliar la información.
Al final te explico cómo podemos trabajar y decides si quieres seguir.
No hay que tener nada preparado. Si dudas por dónde empezar, basta con decir: "No sé muy bien qué me pasa."
No vas a hacer nada que no quieras, no vamos a hablar de nada que no quieras, no vamos a trabajar en ningún tema que no desees.
Vamos a ser un equipo y trabajar juntos para conseguir tus objetivos.
Que se sienten más cómodos de lo que pensaban.
Que se sienten más liberados solo por contar sus “cosas”.
Que los nervios iniciales suelen bajar según pasan los minutos.
Que les gusta la idea de que es un trabajo de equipo paciente-psicólogo.
Que la terapia no es sólo un hablar y hablar del paciente, sino que van a poder preguntar y aprender herramientas.
Si tu pareja te lo ha pedido, no lo tomes como un ataque. Suele ser una forma de decir "quiero que lo arreglemos juntos". Puedes leer más en terapia de pareja en Elche o en terapia individual para adultos y adolescentes en Elche.
Si llevas tiempo pensando en pedir ayuda, eso ya te dice algo. Puedes escribirme por WhatsApp al 676 03 12 56 o reservar desde mi web. Atiendo en Elche y online.
Si tu pareja necesita ayuda pero no quiere acudir a terapia, estoy preparando una guía específica sobre cómo abordar esta situación que estará en pocas semanas…