Una de las quejas más habituales que se atienden en las sesiones de terapia de pareja en consulta y, por tanto, uno de los mayores generadores de crisis, son las discusiones.
Una discusión de pareja aparece cuando ambos expresan desacuerdos, necesidades o malestar y la conversación va aumentando en tensión hasta dificultar que puedan escucharse y comprenderse, pudiéndose a llegar a faltar el respeto uno al otro o ambos.
El problema no es tener opiniones diferentes, sino la forma en gestionan esas diferencias. Solo hablaríamos de discusión cuando hay un tono irónico, un volumen demasiado alto, interrupciones continuas, palabras irrespetuosas o características similares. Si no se da lo anterior, estamos ante una conversación adecuada sobre un tema negativo. Parece un matiz innecesario, pero esa diferencia marca claramente el camino a seguir por las parejas: hablar sin perder las formas.
Pero, ¿se puede hablar bien estando enfadado? Claro. Y, ¿se puede hablar bien estando muy enfadado? Obvio, aunque cuesta más. Y, ¿se puede hablar bien estando tremendamente enfadado? Sí, cuesta mucho más pero el esfuerzo vale muchísimo la pena.
Entendamos que cuando nos relacionamos con otra persona estamos intercambiando estímulos positivos (reímos, nos piropeamos…) o negativos (quejas, insultos…). Veamos esto con un par de ejemplos.
a. Mi pareja me ha comprado un plato de potaje que sabe que me encanta (tema):
- Yo voy en general a hablar del hecho en sí: TEMA POSITIVO. Y lo acompañaré con un beso, un gracias y un te quiero: FORMA POSITIVA. Multiplicamos la positividad por dos: tema y formas.
b. Mi pareja olvidó pagar un impuesto de 300 € y ahora nos toca pagar 400 € (tema).
- Yo puedo hablar del hecho en sí: TEMA NEGATIVO y acompañarlo con un volumen normal, un tono cercano pero con un gesto serio y unas palabras que muestren mi enfado: FORMA POSITIVA.
· “Cariño tenemos que intentar que esto no vuelva a pasar que nos toca ahora pagar recargo. ¿Qué ha pasado?”
- Yo puedo hablar del hecho en sí: TEMA NEGATIVO y acompañarlo con un volumen medio, un tono poco cercano, con un gesto muy serio, sin mirar a la cara y alguna palabra altisonante: FORMA NEGATIVA. En este caso se multiplica la negatividad por dos: tema y formas.
· “¡Joder! Es que esto no puede pasar, estás todo el día con el móvil y ahora a pagar como tontos 100 € más.”
- Yo puedo hablar del hecho en sí: TEMA NEGATIVO y acompañarlo con gritos, un tono sarcástico, con un gesto muy serio y de rabia, sin mirar a la cara y alguna palabra altisonante hacia mi pareja: FORMA MUY NEGATIVA. En este caso se multiplica la negatividad por más de dos: tema y formas excesivas.
· “¡¡Joder, es que esto no puede pasar, estás todo el día con el puñetero móvil y ahora a pagar como tontos 100 €, hasta las narices me tienes!!”
Lógicamente la comunicación es mucho más fácil cuando los estímulos que estoy recibiendo de mi pareja: tono, volumen, palabras, mirada… me generan tranquilidad.
· Cuando las formas son adecuadas, nos podemos centrar en el tema.
· Cuando las formas son inadecuadas pasamos a tener dos temas: el original y las formas inadecuadas. Y como estas facilitan tensión, enfado, frustración en el otro, suelen generar una situación en la que es más fácil que impidan una comunicación positiva que sirva para llegar acuerdos y soluciones.
Las siguientes son frases escuchadas habitualmente por parejas que explican las dificultades que se encuentran en su día a día:
· “Es que me resulta imposible hablar con mi pareja, no para de interrumpirme…”
· “No puedo decirle nada negativo, se bloquea, se calla y ahí se acaba la comunicación”.
· “Yo tengo mal carácter. Mi pareja ya lo sabe. Es que no puedo hacer nada, yo soy así”
· “Yo no grito, levanto la voz”.
Nuestras formas. El tema si es negativo, es negativo. No lo puedo convertir en positivo, pero si puedo cuidar la manera en que comparto mi disgusto con mi pareja. Y, en general, tampoco es bueno no tocar un tema porque sea negativo. Generalmente a la larga sale de manera inadecuada.
“Ya, es que a veces es muy difícil controlarse”. ¿Si un policía te para porque cree que te has saltado un semáforo en rojo y te multa y tú sabes que no ha sido así? ¿Le gritas, le llamas tonto o intentas controlarte y defenderte de manera adecuada?
Lo tenemos claro: no somos seres perfectos. En algún momento, vamos a meter la pata. Pero mi error puede ser irme a un -10 sobre -10, es decir, a que mi manera de hablar con mi pareja sea demasiado negativo y generar una situación supernegativa en la pareja que suele desencadenar en enfados, ansiedad, decepción... , o por otro lado, que mis formas sean positivas o lo menos negativas posible.
Evidentemente, una inmensa mayoría de las personas contestarán que quiero “que me hablen bien”, porque eso nos va a ayudar a sentirnos bien y a generar una conversación positiva. Seguramente aquellos que afirmen que les da igual es porque son los que no hablan de manera adecuada a su pareja.
El proceso hacia una comunicación adecuada de un tema negativo es el siguiente:
1. Escucharnos. Es una bonita manera de mostrar al otro la importancia que tiene para nosotros. Tú tienes algo que decirme y voy a centrarme en lo que me estás diciendo.
2. Entendernos. Es el objetivo más importante de todos, que yo entienda bien a mi pareja, es darle valor a lo que me está diciendo y favorece que la comunicación que viene después parta de la idea original.
3. Reconocer mi error, si es el caso. Todos tenemos defectos y errores. Una manera de normalizar esto es ser sincero conmigo y con mi pareja. Favorece que el otro se sienta bien.
4. Pedir perdón por ello, si es el caso. Debería ser automático, me he equivocado y me disculpo. Pido un gran perdón si el error ha sido grande; y un perdón pequeñito si el error ha sido pequeño.
5. Buscar opciones y decidirse por una de ellas. En algunas situaciones el tema termina con el perdón, pero en otros falta un paso más: buscar una solución o salida a la situación. Analizamos lo ocurrido y para que el hecho no se vuelva a dar intentamos llegar a un acuerdo de cómo gestionar ese tema en el futuro.
6. Poner en marcha esa solución. Es el último paso que a veces olvidamos en darle importancia. Hay que esforzarse en llevarlo a la acción porque si no podemos volver a recaer en lo mismo. Si actuamos es fácil que consigamos cerrar el tema al no volver a repetirse lo mismo.
Recuerda, todas mis conductas tienen consecuencias positivas o consecuencias negativas. Generar con tus formas consecuencias positivas es una manera muy adecuada de cuidar de ti mismo porque la forma en que tratamos a nuestra pareja influye en la respuesta que recibimos de ella. Cuando utilizamos formas respetuosas, es más probable que la conversación pueda avanzar hacia la comprensión y la solución.
Si crees que las discusiones son demasiado intensas o demasiado frecuentes en tu relación; si habéis intentado que se reduzcan y no lo habéis conseguido, es el momento de apostar por otra solución y buscar ayuda profesional.